¿Cuántas veces el hombre no ha fantaseado con la idea de la mujer perfecta? ¿Cuántos pintores, escultores, novelistas o realizadores no han intentado plasmar sobre el lienzo, el mármol, el papel o el celuloide (ahora sobre el soporte digital) su idea de lo que es una mujer perfecta? Algunos, incluso, tuvieron la osadía de utilizar la expresión “la mujer perfecta” para dar título a su obra. Ése es el caso de un director de cine norteamericano que tuvo la idea de titular una de sus obras “10, la mujer perfecta”.

¿Quién, que tuviera a finales de los setenta uso de razón, no recuerda cómo esa expresión a la que nos referimos, la de “mujer perfecta”, se asoció, gracias a la mencionada película, a la protagonista femenina de la misma, la actriz y modelo estadounidense Bo Derek? Aquella rubia de cuerpo escultural y mirada azulísima que llevaba en sus genes sangre irlandesa, alemana, holandesa y galesa, se convirtió para muchos en la plasmación física de la feminidad y la belleza de la mujer llevadas a su máxima expresión. Su nombre, así, se sumaba a los de muchas actrices que, desde la pantalla de los cines y a lo largo de la historia, han enamorado a legiones enteras de hombres de diversas generaciones y que las habían colocado en los altares de su admiración convirtiéndolas, según el gusto de cada cual, en la imagen sin fisuras de la mujer perfecta.

Escorts famosas

Podríamos dar un largo listado de nombres de mujeres que, de un modo u otro, han representado ese papel desde las pantallas de los cines, pero nos limitaremos a dar cuatro: Marilyn Monroe, Scarlett Johansson, Sophia Loren y, por supuesto, Ava Gardner.

Muchos hombres han asociado desde siempre los nombres de estas bellas mujeres al concepto de sensualidad y seguramente no son pocos los que, en algún momento de su vida, han utilizado la imagen de estas diosas del celuloide y de la imagen digital para estimular o aguijonear la propia libido en esos momentos en los que el sexo se ve convertido en algo que se practica con uno mismo.

Pero esos hombres, aún en el momento más álgido de su éxtasis masturbatorio, en esos instantes en los que la ilusión, espoleada por la excitación, les acerca la imagen desnuda y entregada de las diosas de Hollywood, tienen presente que las diosas del celuloide y de la imagen digital tienen un defecto, y ese defecto radica en que, como diosas que son, habitan en el Olimpo en el que moran las diosas, siendo por tanto inaccesibles al deseo de los mortales y a sus sueños de cohabitar con ellas. Los mortales, resignados, deben conformarse con soñarlas y buscar, entre las simples mortales, a mujeres que, de un modo u otro, se les parezcan.

Enfebrecidos y amantes por encima de todo de la belleza, estos hombres encuentran a sus diosas en un universo que poco tiene que envidiar, en cuanto a sensualidad y erotismo, a ese Olimpo en que cohabitan la Johansson y la Gardner, la Monroe y la Fox, la Taylor y la Derek. El Olimpo del que hablamos y al que esos hombres acuden para saciar su sed de belleza y compañía es el Olimpo de las escorts, bellas mujeres que derrochan feminidad y erotismo por todos los poros de su piel y que, además de proporcionar inigualables momentos de placer sexual, destacan por su elegancia, su cultura y su saber estar.

En las acompañantes de lujo, en las diosas de este particular Olimpo, los hombres amantes de la belleza encuentran mujeres cuyas bellezas lindan con las de las más míticas actrices. En esas mujeres bellas como actrices y cercanas como vecinas de escalera, en las call-girls, los hombres que se empecinan en no renunciar a su sueño de vivir intensas e inolvidables aventuras eróticas junto a hermosas actrices encuentran el sucedáneo perfecto para vivir, al fin, una aventura de ese tipo. Con una ventaja, además: que las diosas del Olimpo cinematográfico exigen devoción a tiempo completo. Conscientes de su divinidad, la explotan al máximo. Las diosas del Olimpo de las escorts, por el contrario, no exigen devoción, sino que la dan a manos llenas e, irremediablemente, también la consiguen. Y es que las señoritas de compañía de lujo, sabias e intuitivas, siempre y en todo momento saben dar a su cliente lo que ese cliente busca y lo que necesita. Por eso son la mejor compañía para acudir a un evento. Por eso son, también, la mejor amante que un hombre puede tener en su cama.

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La escort de lujo, bella como una diosa de Hollywood pero infinitamente más cercana que ésta, es una mujer que combina a la perfección el saber estar y la belleza, la conversación inteligente y la seducción, la educación y la lujuria, la simpatía y la implicación. Junto a ella, un caballero amante de la belleza y la exclusividad no se siente en la obligación de rendir esa pleitesía que las diosas exigen siempre hacia su figura. Al contrario: junto a la acompañante de lujo, el caballero que la ha contratado se siente adorado y no adorador. Que, finalmente, él también acabe adorando a la escort contratada es casi irremediable. Después de todo… ¿dónde ese caballero va a encontrar una mujer que se acerque tanto al concepto de “mujer perfecta” como lo hace la call girl?

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